
Entrada la media noche
Se oye el eco decadente
de los espíritus que vagan
por las calles adoquinadas
de un viejo cementerio.
La neblina densa
besa las tumbas agrietadas
por el paso del tiempo,
un nauseabundo olor
empaña el aroma vespertino
de aquel paraje solitario.
Olvidado por sus dolientes
yace enterrado los restos
solo los duendes rondan
los sepulcros fantasmales
que murmuran almas en pena.
También allí es el encuentro
de brujas que atisban
desde el espeso bosque solitario
a los espíritus vagabundos
que mudos estallan el dolor
que los redime.
